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Valor sin premio

palazon

/Nacho López/ Fotos: Javi Romero/

La séptima de abono ha tenido lugar este viernes en el coso taurino albaceteño y tras el paso de los Danieles, Ponce, Juli y Roca Rey ayer, ha llegado el turno de los astados de Alcurrucén y tres jóvenes toreros como Paco Ureña, Álvaro Lorenzo y Ginés Marín.

Abrió plaza Ureña, que hizo el paseíllo ataviado con un capote de paseo de Dámaso González y además honró al Rey del Temple al vestirse de caña y oro.

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‘Sucesor’ fue el primero de su lote, herrado con el número 55 en los costados, nacido en septiembre de 2013, de capa castaña chorreada y que dejó 514 kilos a su paso por la báscula.

No dio facilidades nunca el toro al diestro de Lorca, llevando siempre la cabeza muy alta. No hubo brindis tras la pedida de permiso a la presidencia, pero eso no restó ni un ápice de pureza al litúrgico toreo de Ureña.

No terminó de romper el toro en la franela y cada muletazo se quedaba un poquito más corto, buscando Ureña los terrenos donde el animal se encontrara más cómodo para intentar conseguir ligazón en sus pases.

No aguantaba el toro más de tres muletazos y el de pecho y obligó al diestro a dar las series muy cortas, entregándose a fondo para que el astado no encontrara la salida.

Se rajó por completo el morlaco y hubo Ureña de cambiar el estoque simulado por el de acero, haciendo presa al segundo intento y mandando al de Alcurrucén al desolladero sin puntilla y con los apéndices auditivos colgando. Hubo silencio para el toro en el arrastre y palmas de reconocimiento para Paco Ureña.

SEGUNDO TORO

‘Altamares’ fue el segundo de la tarde. Nacido en febrero de 2012, mostró capa negra, pesó 515 kilos y estaba herrado con el número 192 en los costados.

De tabaco y oro, Álvaro Lorenzo atisbó pronto la escasa fuerza del animal y lo forzó muy poco en el caballo. En el tercio de banderillas, Sergio Aguilar se desmonteró para recibir los aplausos del público.

Brindó Lorenzo el toro a Abel Robles, y se fue a los medios para cerrarse con el de Alcurrucén.

De embestida embrutecida, Altamares no terminaba de romper y le costaba tomar los engaños de Álvaro Lorenzo y cuando los tomaba, protestaba saliendo con la cara muy alta y derrotando.

No fue nada fácil estar delante del deslucido astado y aunque Lorenzo mostró confianza en sí mismo, nada pudo sacar del cornúpeta de los Hermanos Lozano. Erró el diestro con los aceros y hubo silencio para toro y torero durante el arrastre y tras él.

Mientras apuntillaban al astado, un antitaurino saltó al ruedo y mostró un cartel en el que rezaba un lema contra la fiesta nacional.

TERCER TORO

‘Inquieto’ fue el toro que precedió al descanso. Colorado bragado de capa, dejó 483 kilos a su paso por la báscula, había nacido en octubre de 2013 y estaba marcado con el 61 en los costados.

Salió muy frío de toriles el de Alcurrucén, algo típico en este encaste, pero tardó en meterse en vereda y denotó una alarmante falta de casta.

Brindó Ginés Marín al público y comenzó atemperado con la muleta al astado, buscando darle horma a su embestida aprovechando su hondo conocimiento de esta sangre tras su salida a hombros en Las Ventas en un encierro de este mismo hierro.

Trató Marín con mimo al astado para que se sintiera lo más a gusto posible y no derrotara tomando los engaños, dando la lidia que reclamaba el mansito de los Hermanos Lozano.

Fue de menos a más Ginés Marín con la franela y aprovechó lo único bueno que tenía el toro, su humillación, para hacerle las cosas muy bien, con mucho gusto y mucha torería.

Sabía muy bien el diestro gaditano qué y cómo debía hacerle las cosas al astado y estuvo siempre por encima del toro, llevándolo embebido en el engaño y haciendo que sirvieran las embestidas del mansito de Alcurrucén.

Dio gusto ver cómo entendió Marín al toro y como le hizo todo donde el toro quería, sacando petróleo de un animal que no prometía nada gracias a la inteligencia torera que demostró el de luces.

Buscando que la salida del toro nunca fuese hacia las tablas, agradó Marín a los tendidos y así se lo hizo saber el público en forma de aplausos.

Entró a matar con firmeza y decisión y clavó hasta la bola, aunque algo suelta y tendida, sin embargo, el toro escupió la espada y tardó más en doblar de lo que en un principio parecía. El público pidió con fuerza una oreja para el diestro y así la concedió Joaquín Coy, presidente del festejo de hoy.

CUARTO TORO

Tras la merienda llegó el turno de ‘Clarinete’, segundo del lote de Paco Ureña, de 622 kilos de peso, herrado con el 58 en los costillares y nacido en octubre de 2013.

Se ajustó Ureña con él con el capote y en un lance fortuito le golpeó con la pala del pitón en el ojo izquierdo, que de manera instantánea se le inflamó y amorató como si de un boxeador se tratase.

Corrieron los nervios por la Plaza de Toros en los primeros instantes tras el golpe, ya que como nuestro micrófono pudo captar debido a su ubicación en el callejón de la plaza, las primeras palabras del torero fueron “no veo, me ha vaciado el ojo”.

No se amilanó el diestro de Lorca y tras ponerse algo de hielo durante los tercios de varas y banderillas, no abandonó el ruedo camino de la enfermería y agarró la muleta para dar lidia y muerte al de Alcurrucén.

Mermado por el golpe y sin visión en su ojo izquierdo debido a la gran inflamación, Paco Ureña derrochó valor, raza, honradez y profesionalidad y lidió con clase a pesar del tremendo golpetazo.

Erró con los aceros Ureña debido a los problemas en el ojo y no pudo tocar pelo, pero sí recibió el cariñoso aplauso del público después de haber toreado muy mermado y no controlar las distancias correctamente por la falta de visión en su ojo izquierdo.

QUINTO TORO

‘Tamboril’ fue el quinto de la tarde, nacido en abril de 2014, herrado con el 131 en los costados, de capa negra mulata, acucharado de pitones y de 500 kilos de peso.

Con el ambiente tristón y enrarecido por el percance de Paco Ureña, Álvaro Lorenzo trató de volver a la ‘normalidad’ del festejo y se dobló muy bien con el manso de Alcurrucén.

Hubo de desarrollarse prácticamente la faena en los terrenos de chiqueros debido al punto de mansedumbre del animal, pero Lorenzo se encontró muy a gusto con el toro y sacó más de lo que prometía en un principio el de Alcurrucén.

Estuvo horrendo Lorenzo con los aceros toda la tarde y cómo ocurriera en el primero de su lote, necesitó demasiadas entradas para dar fin al de Alcurrucén.

Hubo silencio para animal y torero durante y tras el arrastre.

SEXTO TORO

Cerró plaza ‘Manchego’, nacido en diciembre de 2012, de capa negra mulata, herrado con el 115 en los costados y de 513 kilos de peso.

Con una oreja ya en su haber, Ginés Marín estaba decidido a abrir la puerta grande de la Plaza de Toros de Albacete e intentó meter en el capote al frío de salida astado.

Vestido de tabaco aclarado y oro y con un bordado muy mexicano, Ginés Marín declinó brindar el toro y se fue a los medios a encontrarse con el astado.

De escasas condiciones, tuvo Ginés Martín que ‘enseñar’ a embestir al de Alcurrucén, haciéndole las cosas muy bien y sin dudar lo más mínimo en la cara del toro.

Puso temple Marín en su muleta y pudo darle series completas a pesar de la dificultad en la embestida del cornúpeta, mostrando madurez a pesar de su juventud en los pases que le dio al ‘borrico’ de los Hermanos Lozano.

No hubo acierto con los aceros de Ginés Marín y todo quedó en palmas de reconocimiento al sentido y buena cabeza aplicada por el diestro en la lidia del descastado y ‘agarrado al piso’ sexto de la tarde.

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