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VÍDEO | “Empiezas con algo que es insignificante, de un fin de semana, y acabas en una vida de consumo”

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/Sandra Manzanares/ Fotos y Vídeo: María Esperanza Panduro/

Era una reunión más de compañeros de instituto, entre los jóvenes que disfrutaban de la fiesta, se encontraba él, un chico de 18 años acompañado por su mejor amigo, que a mitad de la noche, y tras beber unas copas de alcohol, le ofreció probar la cocaína. Él aceptó, “le gustó” y a partir de ahí comenzó una relación intermitente con las drogas que llegaría a su fin casi 15 años después.

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Al principio, los consumos se producían de manera “esporádica”, pero con apenas 24 años, el albaceteño que nos cuenta su historia, relata que empezó a esnifar cocaína de manera compulsiva cuando salía de fiesta. Llegó a consumir siete gramos en una sola noche. “Al día siguiente sentía que me estaba traicionando a mí mismo”, recuerda, señalando la situación de “total descontrol” que le rodeaba.

El caso de ella coincide con el de él en la edad del primer consumo, también en la sustancia, pero no en la frecuencia. Con 32 años, esta albaceteña, exdrogodependiente, reconoce que el mundo de las adicciones es “peligroso”, pues “empiezas con algo que es insignificante, de un fin de semana, y acabas en una vida de consumo”, lamenta. A ella “no le gustó” la experiencia, pero continuó consumiendo para “tapar inseguridades” y conseguir la “aceptación” de su grupo de amigos, que considera estas prácticas como “algo normal”, nos decía.

“Llega un momento en el que no tienes vida, porque lo que tú crees que es una vida no lo es”, apostilla la joven, recordando que su día a día se convirtió en un infierno. “No te haces a la idea de lo que una mente puede llegar a hacer para conseguir algo”, expresa emocionada, añadiendo que su adicción le impulsó a “robar, engañar y manipular”, y de haber continuado así, a día de hoy estaría “en la cárcel o tirada por ahí”, relata.

“Te vas destruyendo poco a poco”, continúa él, destacando que la espiral de las drogas supone “una muerte lenta y muy dolorosa” que camufla miedos y sufrimiento dando lugar a vivencias extremas  que desembocan en cuadros de ansiedad, agresividad, pérdida de conocimiento o arritmias. “Había situaciones donde no me manejaba bien a nivel emocional, no sabía gestionar los problemas y para no afrontarlos me iba a beber”, argumenta este albaceteño, señalando ésta como una “forma de desinhibirse”. Al no querer volver a casa, continúa, empezó a aumentar la cantidad de cocaína que ingería hasta que se convirtió en un verdadero problema de adicción.

Sin embargo, al entrar en terapia, fue consciente de que la principal dependencia la tenía con el alcohol, y es que, aunque en los años 90 se produjera el boom de la cocaína en nuestro país, desbancando en el consumo de drogas ilegales a la heroína, la sustancia de abuso por excelencia en la sociedad era y sigue el alcohol. Una droga que “desgraciadamente está bien vista”, apostillaba. Como detalla uno de los terapeutas de Proyecto Hombre Castilla-La Mancha en Albacete, Carlos Valero, el consumo de alcohol “está normalizado en nuestra cultura”. De hecho, la experiencia con esta sustancia es casi universal en la sociedad española, pues nueve de cada diez personas de edades comprendidas entre los 15 y los 64 años ha consumido bebidas alcohólicas alguna vez, y la mayoría de la población lo hace de forma habitual.

 Consumo de cannabis

Junto a la cocaína y el alcohol, el cannabis es una de las drogas más demandadas por los españoles, algo que coincide con el patrón de la sociedad albaceteña, en la que genera especial preocupación el consumo de cannabis y su distribución entre los más jóvenes; ya que según los expertos, esta sustancia se extiende con fuerza entre la población adolescente, produciendo un gran deterioro mental y generando cerebros adictos desde edades tempranas que bajan hasta los 14 años.

“El cannabis aumenta el riesgo de sufrir brotes psicóticos y modifica las condiciones neuronales que se establecen, con lo que, al final, encontramos a chicos de 22 años fumando una media de ocho porros diarios”, con el consecuente deterioro cognitivo y los problemas de memoria que conlleva, indica la directora de Proyecto Hombre Castilla-La Mancha en Albacete, Raquel Villodre. Además, “se suele fumar sin filtro, con lo que a nivel pulmonar, el daño es 20 veces mayor”, remarca.

“Ni vicio, ni enfermedad”

La adicción es un problema de conducta relacionado con cuestiones emocionales, que no una enfermedad, explica Villodre, señalando que esta problemática “es lo que se ve de algo mucho más interno”, por lo que desde la organización se trabaja con los pacientes, y también con sus familias, con el objetivo de que, en el primer caso, puedan dejar atrás la situación en la que están inmersos, y en el segundo, dotarles de herramientas que les permitan “entender” la situación y acompañar a sus seres queridos en un proceso terapéutico de esa magnitud.

“Mucha gente piensa que es un vicio, que la persona consume sustancias porque quiere y lo hace porque quiere, cuando realmente no es así”, expone Villodre, quien puntualiza que, al inicio, el consumidor sí elige si prueba la sustancia o no, pero “no decide desarrollar un problema de adicción”, y cuando se llega a ese punto, “la persona ya no decide, pues hay algo más potente que le lleva a consumir”. En este punto, la directora de Proyecto Hombre en Albacete evidencia una realidad y es que, “si fuera un vicio la persona no sufriría, pero lo pasan realmente mal: están tristes y son conscientes de que en su vida las cosas no funcionan bien”, indica.

Perfil del consumidor

España es el segundo país europeo con más consumidores de cocaína y el cuarto en cannabis, según el Informe Europeo sobre Drogas 2017 del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías, algo que se refleja también en la población albaceteña. Población consumidora que se ha diversificado, ya que en la mayoría de los casos no se trata de personas solitarias y con perfil desestructurado, sino que responde a personas de perfil socialmente integrado, que compatibilizan sus adicciones con una vida normalizada en el ámbito familiar, social y laboral.

“Los perfiles han cambiado y no tiene nada que ver el toxicómano de los años 90 con la persona de hoy en día”, sostiene Valero, remarcando que, en la actualidad, “es muy difícil detectar a una persona consumidora, cosa que sí pasaba en los años 80 o 90, donde esa persona presentaba síntomas de dejadez y exclusión”. Sin embargo, el patrón que más llega a Proyecto Hombre en Albacete es el de personas con estabilidad económica y consumo de cocaína y alcohol de manera explosiva durante los fines de semana.

“He vuelto a nacer”

Durante tres meses, la albaceteña que ofrece su testimonio para este reportaje, recuerda que todo su cuerpo “se retorcía”, fruto del síndrome de abstinencia que acabó con doce años de consumo de cocaína. Un tiempo en el que “sentía que se quería morir fisicamente”, pero en el que le plantó cara al dolor al que nunca quiso enfrentarse.

Después de un año de finalizar el tratamiento, con lágrimas en los ojos, ella confiesa que “ha vuelto a nacer”, y es que, “con ayuda todo es más fácil”, añade él, animando a acudir a los profesionales para conseguir dejar atrás las adicciones y sobre todo, el sufrimiento, que deja paso a la libertad.

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