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VÍDEO | Bajar de peso a cualquier precio, la obsesión por la delgadez que pone en peligro tu vida

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/Sandra Manzanares/ Fotos y Vídeo: María Esperanza Panduro/

Los trastornos de la conducta alimentaria constituyen una serie de alteraciones psicológicas que modifican el comportamiento físico de las personas, sobre todo a través de la ingesta de alimentos. Una realidad que afecta a miles de personas y que puede estar relacionada con la creciente preocupación por el culto al cuerpo, la presión social o los traumas infantiles.

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Miriam llegó a pesar 27 kilos, consecuencia de la anorexia que entraba en su vida. Con 16 años, el único pensamiento de la joven era bajar de peso a cualquier precio. Un objetivo que intentaba conseguir restringiendo las comidas que ella misma consideraba grasas, realizando ejercicio de manera compulsiva y fingiendo no tener apetito. Fue entonces, cuando ante una situación límite, Miriam ingresó en la Unidad de Trastornos del Comportamiento Alimentario, UTCA, del Hospital Perpetuo Socorro.

“Al estar tan centrada en la enfermedad te cuesta dar un paso hacia adelante”, nos confiesa Miriam, recordando aquellos momentos en los que “no podía ni pensar” debido a la enfermedad y que tuvieron su origen en su paso al instituto. “En esa época quieres un cuerpo perfecto”, explica la joven, añadiendo que sufría bullying por parte de sus compañeros de clase, que le decían que “tenía mucho culo”, algo por lo que la albaceteña llegó a “obsesionarse hasta tal punto que cometí un error”, reconoce. Y es que, el acoso escolar puede ser el germen de un incipiente trastorno en la conducta alimentaria de los adolescentes.

Problemática que, si bien es cierto se concentra en su mayoría en la etapa adolescente, momento clave en la formación de la identidad de las personas, con el paso del tiempo se viene apreciando una bajada en el umbral de edad, que se sitúa en los 10 años. “La sociedad en la que vivimos estimula los valores del éxito relacionados con la delgadez”, lo que crea una asociación de ser “más deseado y querido”, explica la coordinadora de la UTCA, María Dolores Gómez, añadiendo que “este problema tiene una tendencia grande a la cronificación”, por lo que hay que atajarlo de manera precoz y con intervención temprana.

El cuerpo perfecto

La idealización de un cuerpo perfecto lleva a los pacientes a distorsionar hasta el límite su relación con la comida, haciendo lo posible por evitar ingerir alimentos que puedan alterar dicha concepción. Un ideal que en ocasiones se acentúa con autolesiones o a través de la consulta de páginas web en las que los usuarios comparten consejos sobre cómo llevar a la práctica sus deseos.

Pautas como la utilización de ropa ancha para esconder una creciente pérdida de peso o el uso de gomas en las muñecas, de las que tirar cuando surja apetito y de esta manera vincular la comida con el dolor. Comportamientos que generan consecuencias en el organismo como puede ser anemia, piel deshidratada, pérdida de cabello, desaparición de la menstruación en las mujeres o arritmias que pueden desembocar en una baja presión arterial, e incluso paros cardíacos.

Los pacientes están “controlados en todo momento” para evitar que escondan los alimentos, intenten escupir en la servilleta o se muevan durante la comida con el objetivo de gastar calorías, explica la enfermera de la Unidad, Natalia Kurbatova, remarcando que se trabaja para que los ingresados tomen los alimentos de forma adecuada y en el tiempo estipulado. Fomentar que la experiencia de la comida sea una práctica positiva y que los pacientes tomen todos los alimentos del menú, incluidos aquellos que suelen evitar su día a día, forma parte de la rutina de esta unidad.

Una rutina que ofrece a los pacientes un tratamiento multidisciplinar abordado desde diferentes áreas, como la psicológica o la nutricional, que se coordinan a lo largo del proceso terapéutico para que los afectados tomen conciencia del problema. Un camino en el que los profesionales facilitan las herramientas que “les permitan ser más autónomos en el manejo de la alimentación y otros aspectos, trabajando su autoestima o la distorsión de la imagen corporal”, decía Gómez, puntualizando que el fin último es que los pacientes puedan incorporarse a su vida normal.

Vida en el Hospital

Una vida que, aunque diferente, continúa dentro del Perpetuo Socorro, donde las pacientes, que en un 90% son mujeres y en su mayoría, adolescentes, intentan normalizar la situación. “El objetivo principal es que tengan un plan de vida”, nos explica la profesora del Aula Hospitalaria integrada en la Unidad, Belén Sánchez, quien añadía, que es necesario que los alumnos “se den cuenta que la alimentación es necesaria, pero no tiene que ser una obsesión”, decía.

El Aula Hospitalaria nacía de la mano de Sánchez en el curso 2002/2003. Dispositivo educativo que trabaja en estrecha coordinación con los centros, abarcando todas las áreas y evaluando a los pacientes de la misma manera que serían evaluados en el instituto. Algo que sí cambia es la metodología, pues hay que compaginar el ámbito académico con las terapias, por lo que la enseñanza no puede ser igual que en el instituto, pero “sí tenemos que darles los mismos contenidos para que cuando vuelvan a su centro de referencia no noten un escalón con los contenidos que han dado sus compañeros”, remarcan.

Cabe destacar que sin apoyo docente, los pacientes de larga estancia podrían perder cursos académicos enteros, con el consecuente retraso en su formación que ello conllevaría. “Hay días que la paciente está más receptiva o está mejor y es más fácil desarrollar la tarea”, detalla el profesor José Luis González, sin embargo, en ocasiones, la enfermedad es hace entrar en un “bloqueo” que dificulta la asimilación de contenidos.

Y es que, los ingresos apartan a las pacientes de sus familias, amigos y compañeros de clase, situándolas en un ámbito hospitalario que, en muchas ocasiones, les produce una ansiedad que las actividades que desarrollan les ayuda a romper. Programas como la terapia creativa, donde las chicas aprenden a conocerse un poco mejor así mismas a través del arte y del diálogo grupal. Así nos lo explica la terapeuta de la UTCA Verónica Escrivá, quien señala que, con estas sesiones se busca la expresión de las emociones. “Normalmente les doy un tema y si la paciente esté muy bloqueada o no sabe qué hacer con ese tema, se le da la opción de dibujo libre”, indica.

La pintura, en ocasiones recoge sensaciones inabarcables con palabras. En nuestra visita, las pacientes dibujaron aquello que echan de menos del exterior. La familia, el mar o sus mascotas son carencias que acompañan a las chicas y que plasman en sus lienzos. Unos trazos y elección de colores que dejan ver su propia evolución, ya que “cuando están muy tristes usan muchos negros y grises y cuando están más alegres, escogen otros colores”. Tras la clase, las pacientes exponen sus impresiones y juntas, aprenden nuevas perspectivas.

Luz en el camino

Perspectivas diferentes de un camino que comenzó a iluminarse en el momento que reconocieron su problema. Sendero, que como todos, empieza con un difícil y sencillo primer paso. Pedir ayuda “cuanto antes” dice Miriam, que desde la experiencia, quiere trasladar los jóvenes la importancia de los trastornos de la conducta alimentaria. “Nosotros no lo vemos, porque solo queremos quitarnos comidas y calorías, pero podemos llegar hasta la muerte”, incide.

Después de dos ingresos, de perder la confianza en sí misma y en quienes le rodeaban, Miriam hoy sonríe mientras camina. Su siguiente paso es cursar la carrera de Magisterio Infantil, algo de lo que se siente “muy orgullosa, pues a pesar de todos los baches que he tenido he podido superar los obstáculos y no rendirme ni rechazar el proceso”.  Un proceso duro, que necesita constancia, valentía y esfuerzo, pero que sin duda, merece la pena.

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