Un futuro a miles de kilómetros de Albacete

/Sandra Manzanares/

Desde que en el año 2008 comenzara la crisis económica mundial que afectó especialmente a los países desarrollados, muchos han sido los que se han visto obligados a dejar su tierra y emigrar al extranjero en busca de un futuro mejor y de un presente laboral.

España es uno de los territorios que más han sufrido la crisis, y dentro de ella, Albacete una de las provincias más castigadas. Según el Instituto Nacional de Estadística, el año de la deceleración económica supuso para el conjunto de los municipios albaceteños la pérdida de 2.052 habitantes llegando a alcanzar su punto álgido en el 2013, con la emigración de 2.685 personas. Si nos centramos en la capital, tenemos los casos de Miguel Ángel, Borja, Itziar, Daniel y Pedro todos ellos jóvenes albaceteños que han encontrado la suerte fuera de nuestras fronteras.

Miguel Ángel Campayo, de 25 años, decidió hacer las maletas y tomar rumbo a Alemania. Inicialmente llegó a Augsburgo con el propósito de quedarse un par de meses y aprender alemán, pero su estancia se ha prolongado gracias a un programa de prácticas para licenciados españoles. Su contrato con este programa finalizó hace un mes y la empresa ha decidido renovar al albaceteño por dos años más.

Miguel Ángel Campayo, en Augsburgo
Miguel Ángel Campayo, en Augsburgo

Campayo estudió Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Castilla-La Mancha y actualmente trabaja en Alemania dedicándose a gestionar la contabilidad de una conocida empresa automovilística además de asistir a países europeos. El albaceteño señala que adaptarse al país es relativamente sencillo cuando se domina el idioma, pero le gustaría algún día poder volver a España si encontrara una oportunidad parecida a la que tiene en Alemania, aunque reconoce que por el momento “es casi imposible debido a la incertidumbre que existe”.

España comenzó a sufrir un descenso poblacional durante el año 2012 del que todavía no se ha recuperado. A 1 de enero de 2013, el país contaba con 46.704.314 habitantes, es decir un 0,2% y 113.902 personas menos que a comienzos de 2012, cifras que reflejaban el primer descenso de población en nuestro país desde que existen datos anuales (1971).

El año 2012 supuso el inicio de un éxodo del que Borja Hernández, de 24 años, formó parte cuando decidió viajar a Suiza en el mes de octubre. El manchego trabajaba en una empresa de mensajería por las noches y optó por dejar el empleo por la precariedad de su sueldo. “Trabajando prácticamente toda la noche ganaba 500 euros al mes”, señala.

Así, Borja y su novia Cristina Seidler, se instalaron en Courchapoix, comuna suiza del Cantón del Jura; de donde es originaria la familia paterna de Cristina, en busca de trabajo. Antes de cumplirse un mes de su estancia en Courchapoix, Borja encontró trabajo en una fundición de hierro como encargado de comprobar que no se producen incidencias con el hierro ya procesado.

Borja Hernández en Soleure, Suiza
Borja Hernández en Soleure, Suiza

Después de cuatro años en el país suizo, el albaceteño se ha adaptado “perfectamente ya que los suizos hacen que te integres rápido”. Incluso ha formado su vida allí, se casó con Cristina el pasado 25 de julio y nos cuenta que únicamente tiene intención de volver a España de vacaciones, pero no a quedarse.

Itziar González, de 26 años, llegó a Praga hace más de un año, en marzo de 2015. Tras acabar sus estudios de ADE y el Máster en Economía Internacional, “me puse a buscar trabajo, pero fue imposible. Hice varias entrevistas y, o bien no me cogían por falta de experiencia o me cogían y me ofrecían un sueldo de 600 euros con un contrato en prácticas en Madrid. Ante este panorama, la mejor opción era salir fuera”, apunta Itziar.

Itziar González, en Praga
Itziar González, en Praga

La albaceteña no tardó demasiado en encontrar una oferta de trabajo a través de una página de empleo en Internet. En la oferta no pedían experiencia, los requisitos eran tener una carrera, saber inglés y contar con movilidad internacional. Tras una prueba telefónica Itziar viajó a Praga a realizar una entrevista personal, al día siguiente recibió noticias de la empresa. Estaba contratada.

AB InBev, empresa de cerveza número uno en el mundo, la formó durante un mes y medio en tareas propias del puesto Senior Subcontracting Specialist UK, es decir, responsable de la parte de logística a la cabeza de la cadena. Itziar controla que las subcontratas produzcan la cantidad de cerveza que necesitan, pedir todos los materiales, organizar los tanques de cerveza, hacer un control de la producción y los almacenes…

Para la albaceteña el idioma es el principal problema en Praga puesto que la mayoría de los autóctonos “no habla inglés, no les culpo porque en España tampoco lo hablamos. Cuando vas a un bar o supermercado si no hablan el idioma te arreglas como puedes, pero cuando tienes que hacer algún papeleo importante o ir al médico es otra cosa. No hablan inglés, no intentan hablarlo y no hacen por entenderte”. Sin embargo, en el mundo profesional la cosa cambia, “el ambiente es internacional y todo el mundo habla inglés. El 60% son checos y son todos agradables y te intentan ayudar siempre que se lo pides” explica Itziar.

La joven confiesa su intención de volver a España en dos o tres años, después de “hacer curriculum” y aumentar su experiencia internacional, pero no por el momento, ya que le “encanta” su vida en Praga.

Durante el primer semestre de 2015, de acuerdo con el INE, 760 albaceteños fueron los que cruzaron las fronteras. Este es el caso de Daniel Herreros, de 27 años. Daniel cursó enseñanzas enfocadas al masaje y terapias naturales. Estudió masaje terapéutico en Estados Unidos, quiromasaje en España y un masaje tailandés en la misma Tailandia. Todo ello en escuelas especializadas.

Daniel Herreros, en Taiwán
Daniel Herreros, en Taiwán

En febrero de 2015 se marchó de la ciudad y lo hizo porque “por mucho que yo quiero Albacete, no encontraba un futuro prometedor”. Después de visitar varios países en Asia, Taipei, en Taiwán, fue la ciudad que “más me atrajo por su estilo de vida donde la mezcla entre lo moderno y lo occidentalizado con algo más tradicional hace que sea muy acogedor. Es un país seguro, la gente es cívica y educada, aparte de ser muy amigables con los extranjeros”, dice Daniel.

Actualmente en Tapei está perfeccionando sus estudios de medicina china mientras espera a recibir el permiso de trabajo que le permita abrir un negocio de vinos españoles junto a unos amigos taiwaneses. Considera esa empresa “más estable” que su profesión “porque este país todavía no está acostumbrado a ver extranjeros en oficios que no sean la enseñanza de idiomas”.

Daniel cuenta que tras un año en Taiwán se “defiende” con el chino, y que tiene novia y amigos taiwaneses. Poco a poco se va adaptando “incluso a la comida, que al principio no me llegaba a convencer”, pero tiene ganas de volver a España. “Echo mucho de menos Albacete, mi familia, salir a la zona con mis amigos, pasear por el centro, cosas muy cotidianas que ahora mismo las deseo como cualquier lujo. Espero volver pronto”, reconoce el albaceteño.

Pedro Valero, de 30 años, fue el último de este grupo de albaceteños en dejar la ciudad. Enero de 2016 fue el momento del cambio para Pedro que decidió irse a Manchester a trabajar como Investigador Asociado en la Escuela de Matemáticas de la Universidad de Manchester.

Pedro Valero en Manchester
Pedro Valero en Manchester

El manchego tiene la carrera de Ingeniería Informática y un Máster en Tecnologías Avanzadas e Informáticas, además de un Doctorado. Su viaje a Inglaterra vino precedido de las “pocas oportunidades que hay en España, y las pocas que hay no son buenas”.

El ingeniero denuncia que en España existe una “distancia entre jefe y subordinado enorme. Se valoran más los números que lo que hay detrás. No se valora a los científicos y nosotros lo que pedimos es que se nos valore en cuanto a calidad de trabajo con recursos estables y medios de colaboración de industria”. Por todo ello, Pedro, aunque no descarta volver a España, no sabe cuándo podrá hacerlo ya que “a corto plazo no veo que cambie la situación”.

Estos emigrantes albaceteños se han marchado de nuestra ciudad y del país por la precariedad de los trabajos, las malas condiciones laborales, la falta de reconocimiento de su talento, los bajos sueldos y, sobre todo, porque España no les garantiza un futuro. Se van ellos y con ellos sus conocimientos, su fuerza de trabajo. La fuerza que consigue sacar adelante a un país.

Mapfre

El Digital de Albacete

Diario digital líder en Albacete con toda la información de la capital y provincia
Botón volver arriba