/Texto: Llanos Esmeralda García / Fotos: Pilar Felipe/
El ser humano es capaz de asignar a una percepción subjetiva de la realidad toda veracidad lejos de los datos objetivos, así ocurre con los trastornos del comportamiento de la alimentación. La sociedad ha creado ese estereotipo “perfecto” de belleza que muchos quieren conseguir a costa de medidas “ideales” fuera de lo sanamente aceptable. En los últimos años se ha visto cómo aumentan los diagnósticos de personas con trastornos alimentarios siendo en Albacete, en un 99%, niñas adolescentes de entre 12 y 17 años, la decana del Colegio de Psicólogos de Castilla-La Mancha, María Dolores Gómez ha detallado que “los adolescentes viven en una situación de inseguridad, de revisión del propio cuerpo, producto del proceso evolutivo que produce que estos cambios, normales, los lleven al extremo. Un trastorno que se produce en aquellas personas inseguras, con dificultades en la autoestima o con cambios personales, no existe un problema específico que determine estos trastornos sino que se materializa desde una problemática multifactorial”. Los trastornos del comportamiento alimentario los define Gómez como “alteraciones en la conducta alimentaria de las personas pudiéndose producir atracones o restricciones. Pero, no solamente el comportamiento está alterado sino que, del mismo modo, lo está la percepción de su imagen corporal y la satisfacción que tenga de sí mismo”. El mensaje que les llega a las adolescentes es claro “estando delgadas serán más atractivas” con ello “comienzan a negar su cuerpo” y este comportamiento a nivel psicológico supone “la idea contínua sobre el miedo a aumentar de peso”.
En relación a estos trastornos de la alimentación existen, desgraciadamente, dos muy conocidos: La anorexia y la bulimia. En la anorexia nerviosa, explica la decana del COPCLM, se diferencian dos formas en las que la persona puede actuar: Una restrictiva, que deriva hasta el ayuno total y otra; purgativa, con la utilización de vómitos o laxantes. Por contra, en la bulimia se produce un atracón de gran cantidad de alimentos en muy poco tiempo “la persona siente que ha perdido el control y le lleva a vomitar para perder lo ingerido”, explica Gómez.
A estos dos trastornos ha aparecido un tercer comportamiento no especificado, “no cumplen los criterios diagnósticos específicos que se desarrollan en cada una de las otras dos patologías. Existe una alteración del comportamiento alimentario, no es rígido, en el cual se pueden producir restricciones o atracones en un tiempo más alargado”. Son unos comportamientos donde el sentir común es que existe una insatisfacción personal y donde la prevención es muy complicada pero, “hay que intentar tener aptitudes que sean saludables en cuanto a nuestro peso, nuestra imagen corporal, nuestra dieta y tener claro que no son buenos ni los excesos, ni los defectos en la alimentación”.
Concienciación
Con este tipo de problemas, al igual que sucede con otras patologías, los hay más o menos graves pero lo normal “es que a más gravedad la persona tiene menos conciencia de su situación, y con ello más dificultad para pedir ayuda y buscar soluciones”, explica la decana del COPCLM. Lo normal es que ante casos leves de alteraciones del comportamiento alimentario se atiendan desde consultas ambulatorias, aunque siempre es recomendable para este tipo de trastornos una atención a través de unidades y consultas específicas orientadas con un equipo multidisciplinar que traten los cambios de comportamiento así como la percepción del propio cuerpo. La restricción en la alimentación puede producir una disminución importante de peso que afecte al organismo produciendo en muchos casos la desnutrición, alteraciones mentales o la dificultad en la concentración.
Para encontrar una solución al problema los profesionales sanitarios insisten en que lo primero es pedir ayuda, la decana del COPCLM insiste en que “son trastornos con los que trabajamos la conciencia de la enfermedad, la motivación para cambiar la dirección de la obsesión y los miedos para aumentar de peso, así como nuevas pautas de alimentación más normalizadas, la autoestima, la exigencia sobre ideas erróneas y distorsiones en la imagen para así alcanzar una idea de percepción de belleza lo más normalizada posible”. En muchos casos, las recaídas son una realidad por lo que se trabaja en un proceso de afrontamiento de las situaciones que temen, “intentamos normalizar la alimentación, les ayudamos a adquirir mayor seguridad, mayor confianza en sí mismas y con ello que tengan menores niveles de exigencia y mayor aceptación de la realidad”, ha detallado Gómez. Poder entender un ideal de belleza diferente al socialmente establecido conlleva a que las pacientes a veces tarden años en darse cuenta. Por ello, es también muy importante crear un vínculo entre los profesionales.

La educación alimentaria es muy necesaria para nuestra salud, como ha explicado Ana María Sánchez, Dietista-Nutricionista. En la anorexia hay que hacer una “rehabilitación nutricional desde el tratamiento de la malnutrición e intentar detener esa pérdida de peso que está teniendo; en definitiva, llevar a cabo una alimentación equilibrada y saludable. Les pautamos cuántas ingestas deben de hacer al día. Tanto en la anorexia como en la bulimia hay que hacer una reestructuración de los hábitos alimentarios e incluso darles información nutricional correcta y de calidad”. En cuanto a la bulimia, según la dietista nutricionista “el control del peso es más secundario. Hay que centrarse en los atracones, en las crisis que van seguidas de una curva del vómito” por ello, los profesionales modifican aquellos alimentos o situaciones que causan la crisis y en consecuencia ese atracón “por ejemplo, hay pacientes que al tomarse un vaso de leche comen muchas magdalenas, seguido se dan cuenta de que han comido demasiado y se desencadena el vómito”. Es muy importante en estos casos la implicación familiar, no juzgar la apariencia física así como marcar unas pautas de ejercicio saludables. Controlado el problema, ha insistido Sánchez “lo normal es que estas personas sigan teniendo mucho cuidado con su alimentación”.
Experiencias
El Digital de Albacete ha conocido el caso de dos mujeres que han superado de forma muy valiente alguno de estos dos trastornos. Dos ejemplos vitales que ofrecen una lucha para conseguir una personalidad basada en valores que aporten seguridad en sí mismas. Así, Marta (nombre ficticio), ha explicado que como cualquier tipo de enfermedad lo más difícil para ella fue reconocer que padecía anorexia, “he sido una persona que estaba delgada, quizás demasiado, y cuando a los 14-15 años mi cuerpo empieza a cambiar y a engordar comencé a cuidarme. Quería dejar de comer por mantener un peso pero, fue una obsesión cuando comencé a adelgazar”. Lo peor, ha matizado Marta, de todo el proceso de recuperación es que “la gente opina pero no sabe por qué aparece la enfermedad”, el problema es que “me había habituado a comer poco y eso se convirtió en un hábito, empecé a comer cada vez menos sin yo prestarle atención, quizás por la edad no establecía un control y eso me llevó a más. Fueron mis padres los que tomaron medidas y con el paso de los años he tenido etapas diferentes. Me daba cuenta de lo que me pasaba pero reconocerlo a la gente no podía”. Esta chica tuvo problemas con el sueño, ansiedad, y hasta que no estableció horarios de comidas y tomó conciencia del cambio de hábitos “no empecé a mejorar”, lo principal ha insistido es “el apoyo de un psicólogo que te haga cambiar la mentalidad, los hábitos alimenticios puesto que la nutrición es fundamental así como la forma de pensar porque el concepto del buen físico de televisión hace mucho daño”. Hasta los 20 años Marta no estableció los horarios de comidas lo que le derivó en otros problemas “a día de hoy, tengo 26 y no puedo desatender mis horarios y rutinas”. Lo mejor de todo este proceso, ha insistido, es que “aunque tienes que reorganizar tu vida, tu día a día, realmente se sale. Lo principal es que hay que reforzar nuestra autoestima puesto que los tópicos de moda son incorrectos, hay que partir de que cada persona es diferente”.
Otra de las experiencias, en este caso la de Pilar (nombre ficticio) ha tenido que pasar por la anorexia y la bulimia en su corta edad. A los 12 años comenzó pensando en que “estaba gordita cuando los niños se metían conmigo en el colegio. A raíz de aquello dejé de comer para que no me dijeran cosas”, un suceso del que sus padres se dieron cuenta “e iba comiendo algo más. Hasta los 14-15 años lo pasé como una tontería de la edad”. Cumplidos los 16 años “seguía con mi obsesión, comía pero poco. Lo determinante fue cuando a mi padre le diagnostican una enfermedad grave, lo que me hizo encerrarme más en mi problema, comencé a pegarme atracones y vomitaba dos o tres veces a la semana o incluso al mes. Era como si me tragara los problemas y luego los tenía que vomitar”. Con 17, Pilar se queda embarazada y engorda 30 kilos, tras dar a luz “volví a vomitar para perder esos kilos y así he seguido vomitando, más o menos, hasta que a los 20-21 falleció mi padre. Desde ese momento vomitaba todos los días a todas horas, no podían conmigo y a nadie le hacía caso, era una necesidad, como el que tiene una droga, necesitaba comer a todas horas y podía vomitar desayuno, comida y cena”. Una situación que se postergó un año y medio más “los dientes se me torcieron, se me caía el pelo, físicamente a parte de la delgadez no me podía tener en pie, incluso dar de merendar a mi hijo me suponía un esfuerzo sobrenatural o levantarme por las mañanas y vestirlo para ir al colegio, hasta que un día me desmayé en casa sola, en ese momento fue cuando lo conté y comencé a superarlo. A consecuencia de mis actos tengo una hernia de hiato”. Ahora, con 25 años, después de estar ingresada y en manos de profesionales “me he recuperado mucho, llegué a perder hasta la cabeza. No se puede decir que estoy curada del todo porque esa obsesión por no engordar la tengo todavía, pero se puede superar. Lo bueno es tener unos hábitos de comida, unos horarios establecidos y, sobre todo, no tener sobresaltos en mi vida”.
El problema insiste Pilar viene de la mano de la sociedad, “cuando ves a esas mujeres perfectas con esos cuerpos tú quieres ser así además, la vida te lo exige cuando vas a comprar ropa o incluso en el trabajo te puede abrir o cerrar puertas”. El mensaje que mandan ambas mujeres es claro, ante todo “pedir ayuda y no ocultarlo porque sola no se puede superar”, y sobre todo, “no hay que condicionar una vida por el peso”.






