/Llanos Esmeralda García/
La mente humana está marcada en muchas ocasiones por una dimensión social que no está libre de prejuicios y que dificulta, más si cabe, la recuperación o la integración de las personas que padecen una enfermedad mental. Así, según la ‘Estrategia en Salud Mental de Castilla-La Mancha 2015-2017’ elaborada por la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales orienta las actuaciones para la mejora de la salud mental y la calidad de vida de las personas acaecidas por una enfermedad mental y se centra en aquellas con trastorno mental grave, abordando de raíz la problemática del suicidio. La experiencia directa con personas con problemas de salud mental grave, en su mayoría con episodios depresivos importantes, detalla José Contreras Martínez, psicólogo coordinador del Centro de Rehabilitación para Personas con Enfermedad Mental de AFAEPS en Albacete, “con una adecuada medicación farmacológica y apoyos psicosociales realizamos una prevención de primer orden para evitar un mayor aumento de suicidios”. En este Centro de Rehabilitación atienden a unas 200 personas con un problema de salud mental grave derivado por la Unidad de Salud Mental, explica Contreras que el objetivo principal es “estabilizar los síntomas y que las personas recuperen sus capacidades lo máximo posible” ya que insiste en que “uno de los beneficios colaterales que estamos consiguiendo es que la tasa de suicidios de este colectivo que podría estar en torno al 5% baje de manera muy significativa al 1%, puesto que tienen una atención adecuada”.
El tema del suicidio es un problema difícil de encajar para la familia y la sociedad en general por eso, cuando existe la atención psicológica y los apoyos necesarios, insiste Contreras, “se consigue una prevención de primer orden”. Pero, ¿cuáles son los principales motivos que le lleva a una persona a querer quitarse la vida? Motivos claros no hay, pero sí que se hablan de algunos factores de riesgo que llevan a tomar determinadas decisiones, como: La depresión crónica, los episodios depresivos, un trastorno de adaptación e incluso los trastornos de personalidad. El problema incide Contreras de los datos que se desprenden de la Estrategia de Salud Mental regional es que “existe una tendencia al aumento de los casos de suicidios en los últimos años. Hay un incremento en los diagnósticos de depresión crónica aunados a la crisis económica o a las dificultades para encontrar trabajo”.
Cifras
Algunos de los datos más importantes que aporta el documento de la Estrategia de Salud Mental regional es que “un 7,82% de la población regional tuvo un diagnóstico de ansiedad crónica, un 6,8% depresión crónica y un 1,5% de otros trastornos mentales”. El suicidio es uno de los problemas de mayor impacto social, este documento calcula que en la UE al año mueren cerca de 60.000 personas por esta causa, además en España es la primera causa de muerte por causas no naturales. Existe “una mayor incidencia en hombres que en mujeres, según datos del 2012 de este estudio, hubo 3.539 suicidios, 2.724 hombres y 815 mujeres, lo que supuso un incremento del 11,3% de casos con respecto al año anterior, Contreras insiste en que “hay una tendencia al alza, según éstos últimos datos que ha dado la Consejería de Sanidad”.
Por grupos de edad, la mayor tasa de suicidio se observó en personas mayores de 75 años, cifra que se eleva hasta el 24,6% de casos de suicidios por 100.000 habitantes en 2012, “con lo cual los planes de salud mental hacen hincapié en mejorar la atención y las medidas de tratamiento a este colectivo”; destacan además las franjas de edad entre los 50 a 54 y de 60 a 64 años. Unos datos que, según Contreras “no representan toda la dimensión del problema puesto que el documento regional detalla que el número de tentativas de suicidio es aproximadamente unas 10-20 veces superior al suicidio consumado”. Desgraciadamente no se pueden evitar todos los suicidios. Por lo general, el suicidio tiene que “presentar un contínuo que pasa desde la amenaza, gestos a intentos reales y consumados, pero no todas las personas recorren este proceso sino que las hay que sólo se queda en un desahogo puntual”, explica el psicólogo coordinador del Centro de Rehabilitación para Personas con Enfermedad Mental albaceteño. Un grupo especial de población de atención es el de los adolescentes, aunque las tasas de suicidios no son elevadas al compararlas con otros países, “hablamos de de una tasa de entre 15 a 29 años del 2,59 por 100.000 habitantes de suicidios en jóvenes”. Todas estas cifras, insiste Contreras: “Son tendencias generales que se observan en el estado español y no varía de unas regiones a otras según las estadísticas que manejan en Sanidad”.
Detección
Éste es un tema tabú para la sociedad pero, ¿cómo se puede detectar que una persona esté pensando en quitarse la vida? El psicólogo coordinador del Centro de Rehabilitación para Personas con Enfermedad Mental detalla que ante cuestiones como “una situación personal grave, problemas adaptativos, pérdidas de trabajo, dificultades económicas graves que significan un riesgo, a la que si le añadimos una fase de depresión importante prolongada multiplica el riesgo”. Lo aconsejable es que “cuando una persona pasa por una dificultad importante es que cuente con una red de amigos y familiares con los que expresar sus angustias y preocupaciones, a veces esto es suficiente para que la persona reorganice sus esquemas mentales y busque alternativas; cuando se expresa la idea hay una oportunidad de cambio, de lo contrario es peligroso. Cuando el tema se cronifica y no consigue alternativas a las dificultades es cuando se hace necesaria una intervención psicológica, es ahí donde la persona puede hablar con tranquilidad con el profesional de sus ideas, tendemos a evitar hablar de ello; incluso la atención farmacológica en algunos casos también es necesaria”, detalla Contreras.
Pero, en ocasiones, “no es fácil acceder a la atención psicológica primero, porque no todo el mundo tiene la mentalidad de buscar ayuda profesional y segundo, porque la que hay disponible por la vía privada muchas personas no pueden acceder por una cuestión económica”, y otras, incide Contreras “por vía de la Sanidad Pública a veces no se consiguen dar citas con la frecuencia que se necesita lo que prolonga el estado de la persona”. La atención social y sanitaria a personas con trastorno mental se realiza en Atención Primaria y Servicios Sociales, así como en dispositivos de atención especializada que configuran la Red Asistencial de Salud Mental. Este modelo de atención presta asistencia al paciente a través de las Unidades de Salud Mental y Hospitales de Día de carácter ambulatorio o de hospitalización parcial, y de los Centros de Rehabilitación psicosocial y laboral para el abordaje más rehabilitador.


