Pensar es el placer de construir nuevas realidades y recomponer las viejas, dándoles nueva existencia (¿esencia?) “contigo”. Nos mueve la duda: “¿Por qué no otra realidad es posible?”. Nos mueve el placer de la sorpresa por esa nueva realidad construida. Descubrimos compañía: “pienso luego existes”. Lo más noble del alma es recrearse calladamente y mostrar su nueva imagen en la plaza. Del pensar se deriva La Política, que es “poiesis” (poesía o quehacer, que de ambos términos puede definirse). Por eso absorbe. Es, la Política, práctica filosófica, actividad ética, configuración estética del mundo, yo incluido y tú: Nosotros incluidos. La actividad del pensar democrático, del pensar, sin adjetivo, es participativa, es común, es plural, es abierta, es política. El pensar no es una actividad onanista: siempre se piensa a otr@ y/o con otr@. La política, como práctica de la filosofía, de la ética de la existencia, es participativa o si no, es vacía. ¡Bueno, un paréntesis!: pudiera entenderse la política como ejercicio del poder, del poder solipsista, dictatorial: sólo poder: la triste y obscena quimera del poder. Grave error de la opinión. Hasta Dios, lo dice la Biblia, se vio, para ser Él, obligado a hablar y por la palabra, “en el principio fue la palabra”, crear el mundo, que es la imagen en la que Él se recrea y reconoce. El Génesis bíblico es la mejor metáfora del pensamiento político, como el Fausto de Goethe,”en el principio fue la acción”, tal vez sea la novela más bíblica. La política, como el pensar, es un placer no onanista. Es necesariamente real y participativa. Es actividad creativa, como lo son las artes. Hacemos Política para más ciudadanía porque no somos animales en bruto, que diría Aristóteles.
Manuel Pérez Castell


