Pobreza, conocimiento y patrimonio, son los tres elementos que se van heredando de generación en generación de forma casi ineludible.
Hay un primer grupo de personas, que sobretodo transmiten pobreza y desigualdad que también heredaron. Tuvieron y tienen problemas con la educación más básica, en algunos casos, con lo hábitos de vida más elementales, que intentan cubrir día a día. Comiendo, durmiendo bajo un techo mínimamente digno, trabajando quien puede de forma precaria y compartiendo más tiempo con el desempleo que con el trabajo activo. Con unas prestaciones públicas menguantes y que a veces, tardan demasiado tiempo en llegar. Sí llevan a sus hijos al colegio pero sufren en sus carnes un mayor porcentaje de fracaso escolar, no llegando a conseguir que adquieran el conocimiento suficiente para subir de escalón.
Además en ese grupo, cada vez más la pobreza tiene cara de mujer, y entre otras causas, porque también la igualdad de género en educación es una asignatura pendiente. Nos lo ha recordado la Unesco esta semana.
Este grupo está siendo también engrosado por los “ninis”, término que equivale al acrónimo en inglés NEET, para la expresión “not in employment, education or training” (o sea, ni trabaja, ni estudia, ni recibe formación), que en el ámbito de la UE está en el 13% de los menores de 25 años y en España son un 18,6%, según fuentes del propio Ministerio de Empleo y Seguridad Social.
En este tramo de la escala social, tenemos en nuestro país a un 22,2% de la población, un 28,4% en Castilla la Mancha, porcentaje que coincide en gran medida con los que se abstienen en las elecciones, por lo que su voz está dormida a la hora de tomar decisiones políticas importantes y las reformas verdaderas que hay que hacer no se acometen, porque los que mandan, saben que aquellos no exigirán violentamente en la calle el fin de su historia.
En el escalón siguiente, en el de las personas que lo que pueden transmitir a sus descendientes, es fundamentalmente CONOCIMIENTO, están todos los que han conseguido un nivel medio de vida, esa clase media cada vez más empobrecida por cierto, pero que resiste porque durante las últimas décadas, ha sido capaz de acceder a la educación con mayúsculas, a las Universidades y Centros de Formación Profesional que les ha permitido conseguir ciertos niveles de rentas a partir de su trabajo más o menos cualificado. Esta experiencia es la que les hace saber, que al menos, a sus descendientes, les debe transmitir el CONOCIMIENTO.
En este grupo está la mayor parte de lo que Galbraith llamaba la “mayoría satisfecha”, un sector social que incluye, entre otros grupos, a los trabajadores con salarios medios y superiores con ingresos garantizados, a los profesionales, a los que poseen negocios independientes, a una buena parte de los agricultores y a ancianos con buenas jubilaciones que les permiten vivir sin sobresaltos.
Es decir, la “mayoría satisfecha” es un grupo heterogéneo de personas, pero que presentan una característica común: tienen garantizado en mayor o menor medida su bienestar material y consideran que el futuro se encuentra bajo su control personal.
Lo que ocurre, es que esta mayoría satisfecha, influida por el neoliberalismo imperante, ya se creen que están recibiendo lo que se merecen en justicia. Están convencidos de que lo que disfrutan es producto de su esfuerzo, su inteligencia y su virtud personal; prefieren el corto en detrimento del largo plazo por una cuestión sencilla: el largo plazo puede no llegar.
Tienen una visión selectiva del papel del Estado. En líneas generales, la mayoría satisfecha visualiza a éste como una carga. De esta forma, para los que disfrutan de una situación desahogada es imprescindible reducirlo o eliminarlo, que se traduce en una reducción de los impuestos;
Además son tolerantes respecto a las grandes diferencias de ingresos, aunque menos acaudalados, soportan los ingresos sumamente elevados de los ricos, por temor a que en la redistribución de la riqueza estén amenazados también sus ingresos.
Y no es suficiente que exista una minoría de los satisfechos a quienes les preocupa, además de su satisfacción personal, la situación de los desfavorecidos que no tienen la suerte de participar de su bienestar material, porque esta minoría ayuda a la posición de los opulentos al democratizar la posición dominante de la mayoría satisfecha.
Representan en España más o menos el 67% de la población, son la mayoría de los que van a votar a las elecciones y los que deciden los cambios de gobierno.
En el último escalón de los que pueden lucirse en sus testamentos porque transmiten PATRIMONIO, riqueza y poder están en este país más o menos el 10% de la población. Son los que ya heredaron de sus padres un PATRIMONIO y los que en palabras del economista Luis Molina Temboury, les proporciona independencia para decidir si trabaja y en qué, si se invierte con más o menos riesgo para ganar más o menos, si se financian qué empresas que proporcionen nuevas rentas para aumentar el patrimonio…El patrimonio es el poder estable de quien tiene, frente al poder efímero de quien depende de un sueldo. Tener patrimonio es lo que proporciona libertad de decidir. Es lo que Piketti explica cuando afirma que estamos en un sistema de “capitalismo patrimonial”. El capital es el motor del capitalismo, pero son los grandes patrimonios los que mueven los hilos del capital.
Otra vez volvemos a la EDUCACIÓN, como mejor remedio para conseguir la igualdad y vencer a la pobreza. Visto lo visto, prefiero que engorde ese tramo del medio que fundamentalmente transmite conocimiento con mayúsculas, en detrimento del primer escalón que transmite sobretodo, pobreza y desigualdad, de generación en generación. Miremos lo que nos ofrecen para las próximas elecciones.
Gerardo Gutiérrez Ardoy


