José Ramón Remiro Brotons

OPINIÓN | El modelo de Castilla-La Mancha Televisión, por José Ramón Remiro Brotóns

TOyota

Desde su fundación, en Mayo de 2000, y especialmente desde el inicio de sus emisiones regulares, a finales de 2001, el ente público que conocemos ahora como Castilla La Mancha Televisión (CMT) ha sido un constante foco de conflictos, consecuencia en buena parte del control político que se ha ejercido sobre el mismo y que en los últimos años, bajo el mandato de la Sra. Cospedal (PP) y con la dirección de un  contestado Ignacio Villa, adquirió tintes kafkianos, ganándose el dudoso honor de ser la cadena más denunciada no solo por su falta de objetividad periodística, que le mereció alguna condena en los juzgados, sino también por conflictos laborales con  origen en un supuesto trato abusivo a sus trabajadores.

La justificación de servicio público que ha de tener toda televisión autonómica sufragada con el dinero de todos, debería tener como misión, esencialmente, la de informar, educar y entretener y, de forma especial, difundir y promover la cultura, las tradiciones y la realidad social, económica e  institucional de la Comunidad de que se trate en cada caso. Parece evidente que tales fines, al menos por lo que a Castilla La Mancha se refiere,  no se habrían cumplido tras casi quince años de emisiones, en los que la programación ha dejado mucho que desear y ha procurado el entretenimiento mediante galas musicales con la copla por bandera, festejos taurinos, fútbol y películas del oeste o demodés, que muchos califican como anticuada. Algún esfuerzo se ha hecho en el tema de los Informativos, siempre criticados por su presunta manipulación en favor del gobierno de turno, y en la introducción de programas de debate donde, como no podía ser menos, la independencia de los directores de programa y de los contertulios más habituales, ha sido objeto de permanente discusión, sin que pueda evitarse la acusación de sectarismo. De los directores de Informativos mejor no hablar. Tres, hasta el relevo de Ignacio Villa, fueron los nombrados en apenas cuatro años. Ahora y tras la entrada “provisional” de Carmen Amores en la dirección de CMT, bajo mandato de García Page (PSOE/PODEMOS), ya hay otro nuevo….y los que puedan venir.

Los despidos, sustituciones, destituciones y demás “medidas” laborales han sido una constante en CMT con los cambios de Gobierno regional,  como consecuencia de las “estructuras paralelas” generadas por cada director general con gente “de su confianza” y de “ideología afín”, de manera que los profesionales de la casa han podido quedar ninguneados en muchos casos por esos “eventuales” procedentes de otros medios de comunicación más proclives a la causa.

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En este maremagnum permanente, muchos se llegan a cuestionar la propia existencia de CMT que más que como servicio publico es utilizada una y otra vez como instrumento de propaganda del Gobierno de turno. Más aún cuando se comprueba, con datos objetivos, la enorme pérdida de audiencia del canal autonómico, que de un 17,4% de cuota de pantalla en sus inicios (2001) ha pasado a solo un 4,6% en el último año, o de una media del 10,98% durante la dirección de Garcia Candau (2001-2010), a una media del 5,12% bajo dirección de Ignacio Villa (2011- mediados 2015). En lo que va del año en curso, la media baja hasta el 4,55% y eso que en agosto remontó un 20% sobre el índice del mes anterior, pasando de un 4,5%, en julio,  a un 5,5%, muy lejos, sin embargo, de los indices de audiencia de la primera etapa de la  TV castellano manchega, en que llegó a ser una de las más vistas.

Por si ello fuera poco, las pérdidas se acumulan un año tras otro, con presupuestos irreales, fruto de los recortes, que han pasado de los 80 a los 42 millones de euros anuales aproximadamente, de los que el 86% proceden de subvenciones del Gobierno Regional y, por ende, de nuestros impuestos..

En esta situación uno se pregunta si el ente publico TCM es imprescindible en nuestra Comunidad, agotada como está por los ajustes y recortes presupuestarios que han afectado muy gravemente a servicios esenciales como la sanidad y la educación, o a la propia dependencia, si no cumple con su misión de servicio público, está hundida en las audiencias y cuesta un pasta (más de 36 millones en este ejercicio) que bien podrían ser empleados en otros menesteres asistenciales o sociales cuya prioridad esta fuera de toda duda.

Al menos cabe discutir si el modelo de gestión actual, pública,  es el adecuado, que no parece que lo sea viendo costes y resultados. Hay regiones que no tienen televisión pública autonómica, como Navarra, La Rioja o Cantabria, que ciertamente son uniprovinciales. Nuestra vecina Murcia, también uniprovincial, ha establecido un sistema de gestion indirecta mediante concesión administrativa. Tampoco tiene televisión pública Castilla y León, ya que su titularidad es privada, constituyendo un ejemplo más próximo por sus semejanzas con nuestra autonomía y que recoge el “sentir” de nuestros políticos, preocupados por “vertebrar la región” utilizando para ello el medio televisivo. A tal fin, y no obstante la titularidad privada de la cadena castellano-leonesa, ésta cuenta con una Comisión de Seguimiento, equivalente al Consejo existente en Castilla La Mancha,  compuesta por el Gobierno y por los grupos con representación parlamentaria, para evitar cualquier dirigismo por parte de la empresa propietaria de la cadena. ¿Por qué no seguir este modelo? El presupuesto quedaría liberado, las subvenciones dispuestas para otros destinos sociales y prioritarios, los puestos de trabajo preservados y la función social del medio, como instrumento vertebrador, formativo, informativo y de entretenimiento, bajo el control de esa Comisión de Seguimiento del Medio.

Después de la Tele de Bono y de Barreda y de la Tele de Cospedal, se hablará ahora de la Tele de Page??. Es hora de afrontar con seriedad y rigor este asunto y hacer una valoración objetiva de los resultados de una televisión autonómica, la nuestra, que va camino del descalabro y que no ha servido ni sirve, aun  cuando fuera por su nula credibilidad y consiguientemente escasa audiencia, a los fines de servicio publico para los que fuera creada.

SEPTIEMBRE DE 2015

José Ramón Remiro Brotóns

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