OPINIÓN | La importancia de la ITE, por Francisco J. Díaz de Prado

Cuando el Ayuntamiento de Albacete decidió aprobar la ordenanza reguladora de las Inspecciones Técnicas de las Edificaciones fueron muchas las críticas que recibió. Pese a ser el deber de conservación una obligación de los propietarios que nuestra legislación urbanística estableció hace lustros, no faltó quien afirmó que con dicha norma se trataba de compensar el trabajo perdido por los sectores castigados por el estallido de la burbuja inmobiliaria, amén de ser otro sacacuartos más.

Cuando hace poco conocimos el derrumbe de un edificio en Carabanchel dejando sin hogar a quienes en él vivían tampoco faltaron quienes quisieron hacer recaer esa responsabilidad en el Ayuntamiento de Madrid. En definitiva que la culpa es siempre del Ayuntamiento. Tanto si vela por que los propietarios cumplan con su obligación como si no lo hace. La cuestión es que en el caso de Carabanchel hay que destacar dos circunstancias que revelan lo importante de pasar la ITE. Por una parte, los vecinos que la pasaron favorablemente, como es este supuesto, no tendrían responsabilidad alguna ya que hubo un técnico que con su firma asumió esa responsabilidad sobre el estado de la edificación. Aquí no ha habido, gracias a Dios, ninguna víctima mortal; pero en caso contrario los propietarios podrían estar en un serio aprieto. Por otro lado los propietarios que han cumplido con su deber siempre podrán pedir responsabilidad por el derrumbe de una edificación que se presumía en buen estado. En Carabanchel la aseguradora del edificio ha estado hábil al asumir el pago de la indemnización aunque la póliza no lo previese, seguramente porque les hubiera resultado difícil explicar que hubiesen dejado tirados a unos propietarios a los que no se les podía achacar culpa alguna, con independencia de la nefasta publicidad que hubiera tenido para la compañía. Tampoco debe olvidarse que el técnico que firma la ITE, salvo que sea un pirata, debe tener un seguro de responsabilidad. De ahí la trascendencia de contratar a técnicos competentes, acudiendo a los colegios profesionales cuando tengamos dudas sobre lo que nos ofrecen. Lo que es seguro es que si los propietarios del edificio no hubieran pasado la ITE y hubieran hecho una total dejación de sus obligaciones se encontrarían en un apuro. Porque la compañía hubiera alegado su negligencia y hubiera escurrido el bulto y, además, no habría ningún técnico a cuyo seguro poder reclamar. A lo que habría que añadir las consecuencias penales en caso de algún fallecimiento por el derrumbe.

Ya sé que ustedes están pensando que al final, como al principio, el mochuelo se lo hubieran intentado endosar al de siempre, al que parece responsable de todo por no ejercer esa vigilancia omnímoda de lo que pasa en su jurisdicción: el Ayuntamiento. Es decir, el resto de ciudadanos que cumplen con sus obligaciones hubieran tenido que ser solidarios con los que no cumplen; claro está, a cuenta del erario público. Por eso son tan importantes para “todos” las Inspecciones Técnicas de las Edificaciones.

Francisco Javier Díaz de Prado

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