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Así fue el 2017 del Albacete Balompié

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/Hugo Piña/

Transcurren las últimas horas del 2017 y llega el momento de hacer balance en un Albacete Balompié que ha vivido un año lleno de alegrías, pero también de algún que otro sinsabor deportivo. El ascenso a Segunda, la compraventa del club por unos nuevos gestores o la llegada del carismático Enrique Martín son algunos de los aspectos más destacables de un equipo, el Alba, que pondrá punto y final a un 2017 que ha sentado las bases en todos los frentes. Por el contrario, la segunda vuelta del equipo la temporada pasada, la debacle en Lorca o el adiós de Aira han sido algunos de los elementos más amargos de un equipo que ahora mira al futuro con gran optimismo tras situarse en la zona media de la clasificación en Segunda División.

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El 2017 comenzaba para los intereses albacetistas con el equipo en el ‘pozo’ de la Segunda B aunque como líder del grupo segundo. Liderazgo aplastante de un equipo confeccionado desde el primero hasta el último integrante de la plantilla para optar al primer objetivo de jugar la fase de ascenso. Liderato incontestable y goleada en el primer partido del año, en Zamudio por 0-4 y dejando claro el mando de un Alba que no tenía rival en la categoría de bronce. Precisamente por ello -nadie tosía al equipo- pudo existir algo de relajación en las semanas y meses posteriores, pues el Albacete Balompié jamás perdió el liderato, aunque a tenor de los resultados vistos, propios y de otros rivales, el cuadro de José Manuel Aira sí que daría la sensación de dormirse en los laureles.

Como ejemplo cabe resaltar dentro del ‘paseo militar’ manchego por la categoría de bronce una tarde para el olvido. Aquella en el Carlos Belmonte en la que el CF Fuenlabrada de Antonio Calderón goleaba a un desecho Albacete. 0-4 nos dejó un histórico marcador que enfatizaba el mal estado de un equipo que no conseguía regresar a la sintonía de la primera vuelta. Real Sociedad B, Toledo o Rayo Majadahonda fueron otros equipos que también ‘mojaron’ los tres puntos en el Belmonte y que reivindicaron la negativa situación de un equipo que, pese a todo se mantenía como líder de su grupo.

Entre medias, el presidente José Miguel Garrido anunciaría su marcha del equipo tras cuatro temporadas. ‘Desavenencias’ con los políticos locales hicieron que la marcha del club, en términos extradeportivos, también generase cierto recelo a un entorno que temía el peor de los finales. Para colmo de males, la dirección deportiva quedaba vacante con la salida de Víctor Moreno al CD Lugo. El conquense y autor de la confección de la plantilla se marchaba y aumentaba con ello las dudas del futuro más inmediato del Alba como entidad deportiva con la salida también de la familia Iniesta como otro de los actores principales del club.

Volviendo de nuevo al plano deportivo, las grandes tardes del equipo de Aira lejos de casa mantenían a un Albacete que sin embargo no mostraba grandes sensaciones de cara a unos presumibles play off de ascenso. En marzo ya se atisbaba que el equipo, pese al declive como local, sería el primer clasificado y que por ende jugaría la eliminatoria de campeones. Ocurrió en Socuéllamos pero pudo ocurrir en cualquier otro lugar, momento en el que los manchegos sellaron la primera plaza y de paso, se volvieron a llevar otro primer puesto que quedará para los anales de la historia del club.

El técnico José Manuel Aira deseaba por entonces jugar la ida de la eliminatoria de campeones en el Carlos Belmonte, produciéndose poco después el sorteo en el que el Albacete Balompié quedaba emparejado con el Lorca. Dicho y hecho, el feudo manchego registraría la ida y el Artés Carrasco la vuelta de una eliminatoria en la que el Albacete se puso por delante. Dani Rodríguez anotó el tanto que acercaba al equipo a Segunda, si bien y tras un error de medición de Tomeu Nadal, Abel Gómez equilibraría el marcador de la igualada contienda. Ventaja eso sí para el Lorca de David Vidal y partido de vuelta en tierras lorquinas. Allí, un incomprensible, pero sobre todo conservador Albacete Balompié igualaba a cero, despidiéndose del ascenso y otorgándoselo a un rival que tenía en su entrenador a un tipo que señaló tras el logro: “He ascendido y no sé ni cómo se llaman mis jugadores” (Vidal llegó a Lorca un mes antes).

Tocados, pero no hundidos, los albaceteños se emparejaron en la segunda eliminatoria (como campeones de grupo se tiene esa ventaja) frente al Atlético Baleares de Josico. Empate en las islas y remontada, con prórroga e insolaciones incluidas en el Carlos Belmonte, en la vuelta. Un autogol en el tiempo extra metía al Alba de Aira en otra nueva eliminatoria final.

En esta ocasión, el Valencia Mestalla sería el rival de un Albacete Balompié que volvía a ganar en casa y que le servía para recuperar sensaciones de cara a la que sí o sí sería la batalla final. Toda la temporada en dos partidos ante un peligroso filial. El escenario para ello, nada mejor que un Mestalla que, como en Lorca, acogió a miles de albacetistas en sus gradas. Aira para entonces aprendió de los errores y promulgó un partido brillante. El más brillante que se recordará de su estancia en La Mancha con un equipo compacto, sin fisuras y con una idea clarísima de cómo actuar ante un Mestalla que pecó de inexperiencia.

Eloy Gila en el campo valenciano anotó el único tanto de la eliminatoria para vencer en el feudo che, otorgando ventaja para un encuentro de vuelta que llenó las gradas del Carlos Belmonte. La final de las finales, como ante el Sestao River de hacía años, el Albacete conseguía mantener la pequeña distancia y llevarse el ascenso al fútbol profesional. Sin ganar en casa, pero con la sensación de haber visto a un equipo y a unos jugadores que mostraron todo su compromiso de principio a fin.

Sin tiempo para dilaciones, la historia reciente del club cambiaba. Y también lo hacía de manos, con la llegada de ‘Skyline International’ a un club que regresaba al fútbol profesional. Para entonces, el Consejero Delegado y CEO del Alba Víctor Varela comunicaba su llegada a la entidad manchega en una rueda de prensa en la que se notificaba que Georges David Kabchi Zachia sería el presidente. El club pasaba de manos de un empresario español como José Miguel Garrido a otro con orígenes venezolano-libaneses. Mentiríamos si dijésemos que la llegada de los ‘Kabchi’ a La Mancha no generó recelo en un entorno que se veía sujeto a un control desconocido por parte de unas personas que con gran prontitud eliminaron cualquier tipo de duda.

Es más, con la nueva propiedad el Albacete ganó en todos los frentes que a diario mantiene una institución como la más laureada -deportivamente hablando- de la región. Inyección de dinero, pero control y exposición de unos gastos económicos que han reverdecido una estructura de club que estaba poco menos que olvidada. Desde las bases y sobre todo ‘echándole’ horas, las nuevas intenciones del club fueron aumentando hasta lo que es hoy: un ejemplo de gestión que en apenas seis meses ha triplicado en intenciones y hechos a direcciones pretéritas y que mantiene la salud del Alba en uno de sus cénit contemporáneos.

En el plano deportivo, la llegada de Nico Rodríguez supuso la primera piedra en la base de un Albacete que tuvo que remover y mucho la plantilla. El técnico con orígenes albacetenses aunó esfuerzos en pos de confeccionar un equipo que compitiera en la categoría. El deseo de la propiedad era precisamente ese, el de competir cada domingo con los rivales de Segunda y plantarle cara a cualquiera de los equipos que componen la categoría de plata.

Y se hizo, aunque para ello se hubo de sacrificar a la piedra angular del proyecto deportivo del primer equipo como lo es su entrenador. Apenas dos meses después de comenzar la competición, Aira era cesado tras los malos resultados y sobre todo unas sensaciones que distaban y mucho de ‘competir’ domingo tras domingo. Ideas diferentes y situación desgastada del técnico de Ponferrada con una grada que aplaudió su salida. A José Manuel, como a Luis César siempre habrá que estarle agradecido de comandar un equipo que vagabundeaba por el fútbol amateur.

Para concluir y resumir los tres meses de ‘la bruja de Campanas’, cabe resaltar que la llegada del veterano y carismático Enrique Martín dotó al equipo de lo que, afición, propiedad y vestuario necesitaban. Dosis de ilusión, pero también de una idea central consistente de juego y tesón. Once son los guerreros que jornada tras jornada salen al pasto para defender la elástica del Alba, mostrando sensaciones que distan y mucho de lo visto en los primeros meses con Aira en el banquillo. Y si la llegada de Skyline fue meteórica, no es menos cierto que la de Martín fue colosal. El navarro ha ideado un sistema que hace jugar al Albacete de memoria, sustentando las virtudes y disminuyendo los errores al mínimo.

El Alba de Martín coge vuelo en el campo e ilusiona a una grada que ha visto como su equipo compite e incluso asusta a los grandes de una Segunda División que, cada vez que se enfrentan al cuadro blanco, padecen un verdadero ‘dolor de muelas’. No en vano, el Alba despide el 2017 en la zona media de la categoría de plata, siendo -de paso- el mejor situado de todos los equipos que el pasado verano conseguían el ascenso a la Liga 123.

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